DOCTORADO EN COMUNICACION SOCIAL. NIVEL: I/II/III – Año 2026
Asig.: Consumos culturales y procesos de recepción. Profesores: Dr. Pablo Ponza – Dr. Sebastián Gago.
Doctorando: Miguel Duarte / 18-05-2026. Trabajo Práctico: “Breve Autobiografía como Lector”.
“Me encantan los mapas”, seguro fueron mis palabras cuando era niño y transitaba la Escuela Pública en la etapa de la educación primaria. Con los mapas venían los aprendizajes de geografía, historia, y todo lo relacionado con los animales y la naturaleza. Tener contacto con un Atlas entre 1967 y 1973 era como vivir en un viaje permanente. Principalmente a partir de 1970 (año del fallecimiento de madre), los Atlas fueron un sueño y, también, una escapatoria a la adversidad.
La etapa adolescente me encuentra con diferentes libros que son como mojones de mi vida: El Principito de Antoine de Saint-Exupéry que me invitaba a volar y comprender la vida; Una excursión a los Indios Ranqueles de Lucio V. Mansilla propuesto por mi padre y leído completamente en la Biblioteca Popular de la Ciudad de Posadas, que me permitió comprender el significado del Estado, del poder y del liderazgo. También: El Santo de la Espada, de Ricardo Rojas, que me enseñó a apreciar las virtudes del liderazgo y me sirvió de inspiración personal.
Paralelamente, como compitiendo con una literatura histórico política, me marcan las revistas El Tony, D’artagnan; Intervalo, con historietas atrapantes que despertaban la fantasía heroica, la soledad todopoderosa y la gracia propia del ridículo. Para nombrar varias de esas que marcaron mi vida: Los Aventureros; Mark; Jackaroe; Nippur de Lagash; Dax; Gilgamesh el inmortal; Dennis Martin. Sumado a ellos, los clásicos: Patoruzú; Patoruzito; Isidoro; Isidorito; Mafalda; y las revistas Billiken y Anteojito.
El tiempo pasa. En Ushuaia, años 1980 y 1981, haciendo el servicio militar en la Base Naval tenía acceso a la biblioteca que era bastante completa, tanto que uno de los libros que saqué para leer por primera vez fue El Manifiesto Comunista de Marx y Engels, algo que no fue bien visto por el Subjefe de la Base que fue claro al manifestarlo. No me convertí al comunismo, pero sí entendí la importancia de los conflictos sociales y la lucha de clases, tanto como el impacto de las lecturas políticas en las relaciones humanas, mucho más en un contexto de disciplina militar.
Los libros que orientaron el rumbo en el cursado de la Licenciatura en Ciencia Política, en la Universidad Católica de Córdoba entre los años 1982 y 1987, fueron múltiples. Los que más me marcaron fueron los de Geopolítica porque incluían los mapas, los conflictos latentes, el enfoque de lo territorial desde la perspectiva del poder. También las contradicciones en torno a una ciencia o disciplina concebida mucho tiempo como exclusiva del nazismo y del instituto que dirigía en Córdoba Luciano Benjamín Menéndez.
Sin embargo, en poco tiempo más, dirigentes políticos progresistas, hasta Fidel Castro, desarrollarían en sus discursos públicos visiones geopolíticas del mundo, poniendo así en el centro de atención a esa materia que tanto me había impactado y que me sumergía en un tablero de ajedrez en el que las estrategias racionales deben contemplar cuestiones emocionales para entender los tiempos de negociación, de ataque, de defensa, incluso los tiempos en que hay que pedir tablas. Como la vida imita al ajedrez, el libro de Garry Kasparov, es muy sugerente al respecto.
Las venas abiertas de América Latina de Eduardo Galeano, fue lectura obligada incluso en viajes por esta amplia región. Conectando con la Filosofía y la creatividad: El mundo de Sofía. Una novela sobre la historia de la Filosofía de Jostein Gaarder, es un libro que siempre me acompaña. Tanto como la Teoría del Estado de Hermann Heller que recorre tantos años de caminar dentro de aulas de Derecho Político de la Carrera de Abogacía en la UNC. Me encantaron Maquiavelo con El Príncipe y Antonio Gramsci con sus Cuadernos de la Cárcel.
Leer a Stanislavski es uno de los últimos impactos fuertes que he tenido, su visión metódica en La preparación del actor y El arte escénico; junto a libros como El poder de la palabra, PNL de Robert Dilts; Legado de James Kerr; El principio de la presión de Dave Alred han transformado mi labor profesional como consultor y entrenador en oratoria, comunicación y liderazgo ¿por qué? Porque me han brindado métodos, me han hecho reflexionar sobre liderazgos y proyectarlos en la acción. Los considero un respaldo indudable.
Libros de historia y poder que me han hecho sentir tan pequeño en el mundo como fuerte a la vez, debido al potencial de interpretación que me brindaba, fueron: La era de la Revolución: 1789-1848; La era del Capital: 1848-1875; La era del Imperio: 1875-1914; e Historia del siglo XX, todos de Eric Hobsbawm; Auge y caída de las grandes potencias de Paul Kennedy; Historia contemporánea de América Latina de Tulio Halperin Donghi; y, también, Ellas lo pensaron antes. Filosofas excluidas de la memoria de María Luisa Femenías.
Con cada uno de estos libros, especialmente con el de Femenías, siento la necesidad de salir de la ignorancia y abrazar con más compromiso causas sociales, transformaciones culturales y cambios profundos en la manera en que enfoco mi vida. Más en cuanto al feminismo, los derechos de las mujeres y las cuestiones de género. Finalmente, libros que me provocan para la tesis: los de Giuliano Da Empoli: La hora de los depredadores y Los ingenieros del caos; y La extrema derecha en América Latina de Daniel Feierstein y Creusa Muñoz.
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Consigna: 3) Elabore en dos carillas una breve autobiografía como lectores, en las cuales localicen momentos claves en su relación con la literatura y con la lectura. Describa si tuvo cambios en los gustos (géneros preferidos) en esa trayectoria, y distinga qué tipos de experiencias vivieron en el contacto íntimo con una o más obras, ubicando eventualmente tales experiencias en momentos de ruptura biográfica y/o de crisis de identidad o en momentos clave de la vida (período de la adolescencia, primera juventud, jubilación, etc.).
